MALVINAS, PERTENENCIA Y HONOR

jueves, 2 de abril de 2020



¡Malvinas, siempre Argentinas!  No es una mera frase escrita en las aguas del olvido mundano ¡Malvinas, siempre argentinas! Es un grito sagrado, irrenunciable e indómito del alma del pueblo de la Nación.  

La sangre de nuestros soldados derramada en tierra, aire y mar rubricaron ante la historia del universo los derechos genuinos de nuestra soberanía sobre las tan amadas islas. El cuerpo de nuestra patria se encontrará lastimado mientras otra bandera que no sea la azul y blanca ondee en nuestra tierra. 
Nuestra Nación no sólo peleó contra las fuerzas invasoras e imperialistas inglesas, también confrontó contra las armas y logística de la OTAM. Esto agigantó la lucha criolla por nuestra soberanía. 
La realidad es la manifestación del Altísimo, de la voluntad de lo supremo, de lo que todos sabemos y es que las Malvinas son argentinas. También lo sabe el mundo. El usurpador sostiene su presencia en nuestro suelo gracias al criminal tronar de los cañones. 
La argentinidad encuentra en la causa Malvinas un punto de encuentro de sentimientos sublimes. El pueblo nacional jamás renunciará a aquello que le es propio por derecho. Un sin número de resoluciones internacionales sancionadas por las Naciones Unidas sostienen la fidedigna razón que Argentina esgrime en cuanto a los derechos propios sobre las islas. 
Nuestros soldados fueron a combatir motivados por el inmenso sentimiento de pertenencia que cada conciudadano edificó en su interior desde temprana edad gracias a la educación brindada por muchas generaciones pasadas. Nuestros combatientes pelearon con  singular honor, digno de los más celebres relatos mitológicos del universo. Argentinos que supieron entregar su vida por la dignidad de sentirse libres, de saberse soberanos de sus días y de pisar con orgullo el suelo que DIOS nos regaló. 
La vida física puede perderse, pero la identidad del ALMA se nutre del altruismo y del amor al prójimo y a la patria. El ALMA inmortal viajará más allá de los relativos designios del reloj. Leyendo los mandatos del destino que entre todos forjamos, podemos afirmar: “¡Malvinas, Volveremos!”  Volveremos para que nuestro Pabellón Nacional reine por siempre en nuestras islas. 
Gracias, pueblo Argentino; gracias, Fuerzas Armadas; gracias, soldado, por tu valentía y entrega sin parangón.  Nuestros combatientes pelearon por una causa justa, por el bien, por nuestros derechos y, recuérdalo, batallaron y muchos murieron por nosotros. 
¡Las Malvinas son argentinas! 

        Máximo Luppino   

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ALBERTO, TIMONEANDO EL CORONAVIRUS

domingo, 29 de marzo de 2020


La tediosa y primordial cuarentena se proyecta como un oscuro y pesado manto sobre el ánimo de los argentinos. El escudo de protección para el COVID-19 es la estricta reclusión social, el aislamiento ciudadano. Bien lo sabe el presidente de la Nación, a la vez que es consciente del creciente hastío poblacional por tan antipática medida, la única a saber que coloca un freno a la ola de infección y muerte que azota a las queridas repúblicas de Italia y España entre otros países del mundo. 

El coronavirus trajo tempestad extrema en los mares de la política planetaria. Las decisiones de los gobernantes se ven atrapadas por las garras mortales del monstruoso virus a la vez que la economía mundial se desploma como nunca antes sucedió. El resguardo social de la cuarentena paraliza más aún las finanzas de las naciones. La gente observa la posible escasez de insumos básicos y las familias que pueden acumulan alimentos, remedios y aquellos objetos que pueden necesitar en el seno de una crisis que amenaza con profundizarse. La peste global nos obliga a replantearnos los valores humanos y reeditar los principios éticos que jamás la sociedad debió resignar ante el profano dios del capitalismo salvaje.  
Los empresarios se preguntan: ¿Qué producir? Las prioridades viraron bruscamente. ¿Qué venderle a una comunidad deprimida económicamente, temerosa de la más dolorosa bancarrota que se aproxima? 
Alberto Fernández, un devoto de la política como ciencia de armonía y bienestar poblacional, cultor del consenso y la concordia, se encuentra sacudido por la necesidad de tomar resoluciones extremas y poco populares para cuidar la salud de los argentinos y los residentes de nuestro argento suelo. Así es que la necesaria cuarentena continuará vigente en las próximas semanas al menos. Luego, los resultados del aislamiento y los gritos desesperados de la imperiosa producción nacional nos guiaran, Dios mediante, a puertos más tranquilos. Hoy hay que aguantar. Continuar resistiendo y educando en la prioridad de evitar contagios. 
Alberto timonea la barca de la Nación por mares agitados y revueltos. El capitán guarda  la esperanza de pronto anunciar: “Tierra a la vista” y de tal forma desembarcar en las playas de un futuro de producción venturoso para la patria. 
El gobierno Nacional sabe que los subsidios y la ayuda que brindan a la población son bien tomados. Tan bien recibidos como insuficientes. El dinero no le alcanza a nadie. 
Todas las fuerzas políticas están apoyando las medidas del gobierno central. Cuidar la vida es una prioridad argentina. Esto hay que destacarlo y fomentarlo. ¡Primero las personas!... La “grieta” quedó arrodillada ante la sensibilidad humana de sobrevivir. 
La población debe asumir que mejor son unos días más de aislamiento que la pérdida de la vida de nuestros seres queridos. Responsabilidad, colocando las acciones en el orden adecuado, honrado el tan anhelado Orden Natural. 
El sistema capitalista en su arista más despiadada está crujiendo, agoniza de muerte y vocifera toda suerte de blasfemias. El mundo está gestando un nuevo sistema que aún no podemos vislumbrar correctamente. Sentimos que la evolución benigna se hace presente luego de cada catástrofe universal. La esperanza es una fuerza inmensa y arrolladora que ya está en marcha. ¡La humanidad elige vivir! 
Luego de este inmenso pesar que nos toca padecer se asoma un más perfecto amanecer para el mundo. 

              Máximo Luppino  

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EL EGOÍSMO, UN VIRUS EN EXPANSIÓN

jueves, 26 de marzo de 2020

El bien común se encuentra por encima de las inquietudes individuales. Más aún, las naciones auténticamente desarrolladas son aquellas donde el esfuerzo personal está vinculado a la sublime ética del progreso colectivo. Es decir, nuestro bienestar real se encuentra en la prosperidad del conjunto del cual formamos parte indisoluble. El completo desarrollo de cada persona se encuentra íntimamente vinculado a la realización del conjunto de la comunidad. “Nadie se realiza completamente en una comunidad que no se encuentra realizada”

Interrelación e interdependencia son conceptos que debemos aprender a conjugar bajo la luz del hecho de que la humanidad es un único magnifico ser espiritual del cual cada persona es parte indisoluble. Así es que cada determinación individual que tomamos colorea al gigantesco ser espiritual que conformamos, entorpeciéndolo o enriqueciéndolo según la naturaleza intencional de nuestras acciones.
  
La trágica pandemia que sufrimos nos muestra claramente la interdependencia. El coronavirus, que comenzó en China, hoy está diseminado por todo el planeta y hasta los más remotos grupos son afectados por esta malévola  enfermedad. “Una cosquilla aquí, produce una carcajada en el más allá”.

El COVID -19 nos muestra que mientras un gran grupo de semejantes se coloca a la vanguardia del bien común (médicos, enfermeros, fuerzas de seguridad, bomberos y otros ciudadanos que trabajan para que alimentos y productos indispensables lleguen a los hogares del mundo), otros, hijos de la inconciencia, egoístas crónicos, con su conducta tienden a propagar el lacerante virus mundial. Unos se sacrifican por su comunidad y la elevan, mientras los necios divorciados de la razón actúan como criaturas egocéntricas que poco o nada les parece importar la vida de sus semejantes.

Médicos, enfermeros, todo el personal de la salud, pelean para mitigar el dolor de sus hermanos y eventualmente salvarles la vida. A su vez, los irresponsables indiferentes del dolor de sus consanguíneos planean cómo evadir la cuarentena obligatoria y brindarle pleitesía a su monstruoso EGO. Son auténticos inadaptados sociales.

Millones de gracias y bendiciones a los hombres y mujeres que luchan denodadamente para llevar salud y bienestar a sus hermanos. Mientras, deseamos que reflexionen y actúen solidariamente los inmaduros que se convierten en aliados activos del mal planetario que amenaza a la raza humana. El mal hoy se llama Coronavirus, y a los egoístas que rompen el aislamiento benéfico podríamos llamarlos “Coronatontos” que alimentan al pulpo insaciable del virus cruel.

La cuarentena obligatoria parece que se extenderá en nuestro país al igual que en muchas otras repúblicas. Mejor es una reclusión pensando en la salud que esparcir enfermedad y muerte por doquier.

Claro está que nada será igual en el mundo luego de esta terrorífica pandemia. Apreciamos que existen gobernantes que priorizan la producción material a la salud de su propio pueblo. Creemos que el vampiro del capitalismo criminal les exige a gobiernos desalmados que inmolen a su propia gente en aras de generar riquezas para los “Dueños del mundo” mientras los empleados agonizan en una línea de montaje de automóviles. Es el caso de Italia donde recién el 24 de marzo una fábrica de autos paró su producción. Esto es en la Nación que hasta hoy posee más víctimas fatales del mundo.

 E.E.U.U, Inglaterra y Brasil se encuentran en el “club del capitalismo homicida”. La producción vale más que las vidas humanas. Una locura criminal que desoye la voz del alma de la gente.

Gracias a DIOS nuestra Argentina, de la mano de Alberto Fernández, prioriza al ser humano sobre los objetos suntuosos. La economía al servicio del hombre es la regla de oro del orden natural. También debemos reconocer que junto a nuestro presidente se encuentra un arco opositor político altruista y generoso, donde oficialismo y oposición conforman un solo benigno equipo de trabajo.

Evocamos las palabras de Alberto: ”¡Entre la economía y la salud de las personas, priorizo la salud del pueblo!”

Modestamente avalamos el correcto criterio humanista y cristiano del presidente Alberto Fernández.

 ¡Lo más importante es la vida de cada ser humano!

                    Máximo Luppino
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SUFRO POR LA ITALIA DE MIS PADRES

lunes, 23 de marzo de 2020

Produce gran tristeza apreciar a lo largo y ancho de todo el planeta  países completos paralizados, inmovilizados y apesadumbrados por el flagelo impiadoso del funesto coronavirus. El cuidado de la población mundial se resume a extremar las medidas de higiene y practicar un estricto aislamiento que nos resguarda del angustiante contagio. 

Además de la desazón lógica por el estado de salud de nuestra comunidad, familiares y amigos se suma la preocupación por cómo continuarán nuestros días ¿Qué sucederá con nuestros empleos? ¿Cómo podremos ganarnos la vida si no podemos ir a trabajar? Son demasiadas situaciones bombardeadas por incertidumbres y propios cuestionamientos con inciertas respuestas.

La humanidad transita temerosa por jornadas oscuras desprovista de certezas. Sólo la esperanza espiritual  propia e inherente en el alma humana nos otorga la fuerza que necesitamos para triunfar en esta lucha despiadada y cruel. 
Nuestra empatía es con todo el género humano, pero en forma singular sufrimos por nuestra Argentina y por la querida Italia, cuna inmortal de mis padres y parientes cercanos. Los datos de Italia del sábado 21 de marzo señalan que en un solo día fallecieron 793 ciudadanos y llega a la  dramática cifra de 5000 muertos. Datos escalofriantes que amenazan con incrementarse dolorosamente.  Con estas cifras Italia se encuentra en la cúspide de las naciones afectadas por elx  Covid-19. Las proyecciones para Europa no son alentadoras. Argentina pudo aprender de estas dolorosas experiencias y decretar prontamente el aislamiento social y la cuarentena domiciliaria obligatoria que seguramente va a salvar muchas vidas humanas. 

La Italia alegre, creativa, pujante y jovial se encuentra enlutada por la brutal pandemia que mortifica a la península toda. 
Los relatos cálidos y nostálgicos de nuestros abuelos parecen esfumarse entre las negras alas del coronavirus que se empeña en infectar y matar. Pero sentimos que la tierra del César se sobrepondrá a tan dura prueba que el destino somete. La cuna del renacimiento y el humanismo acumuló suficiente fuerza y alegría como para emanar anticuerpos culturales que permitan vencer al maligno virus. Añoramos los sonidos de la historia susurrando solemnemente por la “ciudad eterna”, por la Roma que guarda al Vaticano, la cede celestial del catolicismo mundial. 

En nuestra mente vemos a nuestros antepasados llorar amargamente en la “otra orilla” del tiempo. Nuestras lágrimas acompañan su pesar. Es que Italia es la alegría misma de vivir y crear dicha para el beneficio de toda la humanidad. El amor por la tierra del Dante es en sí renovado compromiso de dicha y felicidad. 

Argentina, Italia y el planeta todo vencerán a este enemigo que posee un mentor, un “cerebro” oscuro y maligno que se empeña en destruir el arte, la poesía, el canto de los pájaros y la sonrisa entre las personas. Pero el triunfo aguarda a los soldados de la alegría y la compasión. 

“Todo mejorará en el futuro si hacemos un esfuerzo espiritual en el presente”

¡Forza Italia! Tus hijos argentinos luchan a tu lado.

                       Máximo Luppino
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ALBERTO: DIOS NOS DIÓ TIEMPO

viernes, 20 de marzo de 2020

Una histórica cuarentena inmoviliza al país. El destino quiso que el presidente Alberto Fernández se vea obligado a tomar una de las medidas menos deseadas para un gobernante. Esto es, decretar una cuarentena obligada para la población de la Nación.


La cuarentena compulsiva determinada por el gobierno nacional, respaldada por todos los gobernadores y el total de las fuerzas políticas, abarca desde el 20 de marzo hasta el 31 del mismo mes, pero no se descarta extender en el tiempo esta luctuosa pero necesaria determinación.
Nuestra Nación se aprecia aletargada, frenada, inmersa en una parálisis laboral sumamente necesaria para limitar la funesta infección del mal que jaquea a la población mundial.

Inmovilidad social y fortaleza psíquica son las consignas a seguir, más el esfuerzo mancomunado de las autoridades nacionales, provinciales y municipales de la República. Esto nos dará un triunfo merecido ante el horror de tan sombría enfermedad.

Podemos combatir el contagio del coronavirus evitando contacto entre personas. Este es el espíritu del decreto presidencial, recluirnos para cuidarnos y proteger a toda la comunidad manteniéndonos en nuestros hogares.

Debemos recordar que en los países que aplicaron drásticamente el aislamiento estricto se pudo mitigar en forma concreta la expansión del virus. En tanto que las naciones que tomaron medidas flexibles fueron azotadas con miles de infectados lamentando muertes indeseadas. El mundo ya llora más de 10000 fallecidos con centenares de miles de individuos enfermos.

El mal se encuentra estancado en China, ahora el epicentro del contagio mundial es Europa. En forma singular en Italia y España, dos países muy cercanos a nuestra cultura y realidad étnica. Muchos argentinos poseen familiares en alguno de estos dos países europeos, lo cual nos coloca en situación de peligro toda vez que el flujo de visitas fue numeroso. Ahora, el cierre de nuestras fronteras nos protege de esta triste situación. La reclusión cívica es el método adecuado para protegernos.

No se equivocó Alberto Fernández cuando manifestó: “DIOS NOS DIO TIEMPO”.  Ya que estudiando las realidades y experiencias de otros países podemos evaluar las mejores medidas tomadas y reflejarlas en nuestra Nación, a la vez que evitar los errores cometidos por algunos países. El gobierno está tomando medidas acertadas para luchar contra este enemigo silencioso y ruin. El resultado de esta lucha depende en gran medida de nuestra conciencia cívica y férrea disciplina.

Argentina se encuentra en alerta total. Los habitantes de este suelo desean vivir y superar esta negra noche que debemos soportar. Nuestros hijos, familiares y amigos bien merecen todo esfuerzo que podamos solidariamente concretar, no sólo por ellos, también por nuestra comunidad toda y por la grandeza de nuestra patria.

“DIOS NOS DIO TIEMPO”. Sepamos aprovecharlo con inteligencia, fraternidad y conciencia despierta.

                Máximo Luppino
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UNIDAD, UN GRAN ANTÍDOTO

martes, 17 de marzo de 2020

El coronavirus no da tregua, flagela impiadosamente a toda la humanidad. Expande su tétrico reinado de dolor y muerte por doquier. La ciencia trabaja incansablemente para descubrir un medicamento que establezca sosiego y curación a tan terrible mal. Mientras tanto, sólo la prevención disciplinada, fruto de una conciencia cívica atenta y responsable, es el refugio indicado donde guarecernos de esta terrible pandemia.

Las recientes experiencias nos muestran que los países que aplicaron pautas de precaución estrictas y claramente definidas lograron frenar significativamente el avance del virus. Es el caso de Corea del Sur. En tanto que naciones que subestimaron la enfermedad se vieron desbordadas por contagios y muerte. Es el caso de nuestra querida Italia.

La responsabilidad ciudadana debe ser aplicada con solidaria responsabilidad. El autoaislamiento social pone límites concretos a la expansión del contagio. Pensar en nosotros mismos es en verdad cuidar a nuestra comunidad, renunciando a una proximidad física que nos asegure salud y bienestar espiritual cumpliendo con nuestro deber de evitar contagiar y ser contagiados.

La interrupción de clases presenciales en educación y los distintos paréntesis laborales decretados en lo largo y ancho de la República, tienen la finalidad de reducir y controlar los contagios. No son vacaciones ni jornadas de recreación, son medidas que buscan descomprimir las aglomeraciones de personas para evitar la expansión del funesto virus. Así es que los irresponsables y egoístas que planearon mini vacaciones para estos días están desoyendo el sentido de fraternidad y cuidado comunal con el cual se desea neutralizar los contagios. La responsabilidad cívica es sumamente necesaria para los duros tiempos que afrontamos.
  
Horas atrás, cuando nuestros gobernantes anunciaron drásticas medidas sociales con la intención de resguardar lo más posible la salud pública, lo realizaron en un trabajo mancomunado del Presidente de la Nación, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y el Jefe del Gobierno Porteño. Fue una “foto” que mostró coherencia y unidad política ante un mal que aqueja a toda la humanidad. Estos esfuerzos de los más altos funcionarios de Argentina tranquilizaron sobremanera a una población que desde hace mucho tiempo pretende escapar de los sórdidos enfrentamientos frustrantes entre hermanos.
Alberto Fernández afianzó su liderazgo nacional mostrando capacidad de diálogo y manejo certero de las prioridades nacionales. Nuestro gobernador, una vez más, expresó su vocación de construir consensos y “jugar en equipo”, mientras que Horacio Rodríguez Larreta refleja el ánimo de un gran sector de la oposición que destaca el Bien Común antes que los intereses partidarios que suelen ser por demás mezquinos.

Hoy, Macri parece representar una oposición dura y ciega. Mientras que Larreta afianza su liderazgo positivo en Cambiemos, sin olvidar la capacidad de trabajo que siempre ostentó el Jefe del Gobierno Porteño.
La certeza de que Alberto Fernández gobierna para toda la Nación es cada vez más sólida y palpable. Alberto trabaja para mejorar la vida de los habitantes de la patria, Axel y Horacio tocan la misma dulce partitura que el director de la orquesta nacional. 

¿Estaremos en los albores de una acción política, profunda y civilizada? ¿Comenzará a partir del dolor del coronavirus un tiempo de esfuerzos mancomunados y solidarios entre argentinos? Todas preguntas impregnadas de FE en las respuestas que deseamos muestren al mundo lo mejor de nosotros.
En estas horas que nos toca vivir, parece que el destino se empeña en mostrarnos cómo las decisiones individuales afectan al conjunto. Se nos ocurre pensar en una exhortación de los cielos a la unidad irrestricta de los conciudadanos.

¡Unidad para enfrentar al coronavirus y para encontrar el sendero que nos conduzca a la grandeza de la Nación Argentina!

                   Máximo Luppino
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CORONAVIRUS, PREVENIR PARA NO LAMENTAR

viernes, 13 de marzo de 2020

El monstruoso coronavirus aún no desplegó todo su lúgubre poder destructivo. La ya oficialmente declarada pandemia se disemina por el planeta con su tortuoso mensaje de enfermedad y muerte. Obligados están los pueblos a replegarse dentro de sus fronteras, ciudades y casas. Un forzado aislamiento es uno de los  precios a pagar para mitigar el exponencial y peligroso contagio.


EEUU suspendió sus vuelos a Europa, Italia se encuentra en una cuarentena absoluta, la ciudad eterna se muestra al mundo sin los millones de turistas que anualmente la disfrutan. El Vaticano sufre el sueño de todo pagano, se encuentra sin la presencia de sus miles de fieles que a diario la veneran. El mismísimo Papa Francisco suspendió el oficio público de la Santa Misa con presencia física de devotos. Los eventos religiosos y las homilías clericales son difundidos por internet. Argentina, como otros países, anunció que momentáneamente no otorgará visas a ciudadanos de los países infectados por el letal virus.

En todo el globo terráqueo se han suspendidos recitales, eventos deportivos y reuniones que agrupen un gran número de personas. Escuelas cerradas en algunas naciones y la posibilidad del cese de las clases escolares está en carpeta en todas las comunidades.

El coronavirus también infectó la economía mundial drásticamente. Las líneas aéreas están paralizadas, no pueden planificar ni proyectar acción alguna. El turismo en sí, momentáneamente, está aletargado en grado sumo. Restaurantes, bares, teatros, cines y comercios en general están ingresando a una obligada invernación económica, las bolsas de valores mundiales se desploman violentamente, el futuro bursátil es una sombría incógnita generalizada. En este panorama, ¿quién invertiría dinero en algún rubro de producción?

¡El mundo está ingresando a una pesadilla jamás sospechada!

Es lógico que ante este panorama reine suma preocupación, pero debemos evitar el miedo. El pánico congela las iniciativas loables. Fe, esperanza, ciencia, alegría y recaudos adecuados son las premisas a seguir.

La humanidad, desde sus comienzos, se ha visto a prueba. Siempre ha superado los desafíos que entorpecían su desarrollo y el coronavirus también va ser trascendido. Así recordaremos estos días con dolor por los caídos y con júbilo por haber triunfado una vez más ante la adversidad.

Desde la fiebre amarilla hasta pestes crónicas que diezmaron a millones de seres humanos, todas fueron superadas por la raza humana. El coronavirus será vencido también, con disciplina y voluntad fraternal.

Nuestro presidente estimula la conciencia cívica, la autodisciplina como método soberano del desarrollo y esto es muy plausible. No obstante, debemos como sociedad extremar las medidas de cuidado social, saber prevenir para no lamentar males mayores.

Muchas medidas gubernamentales pueden resultar antipáticas y hasta desagradables e irritantes, pero el virus está entre nosotros. Debemos admitirlo, el autoengaño es nefasto. Siempre solidarios. Prevenir no significa empoderar el egoísmo en la forma de “sálvese quien pueda”. Más bien, pensar en nuestros hermanos nos aumenta tremendamente nuestro aparato inmunológico. El bien y la virtud han sido grandes antídotos para muchos males. Con compasión y amor al prójimo nos abriremos camino.

Alberto Fernández y nuestra República se encuentran ante un desafío inesperado en el seno de una economía sumamente frágil. Sobre angustias criollas, el mundial coronavirus nos llena la mochila de piedras, pero el padecimiento del virus nos dará una perspectiva renovada del auténtico sentido del esfuerzo humano.

Tomemos conciencia de que esta realidad que vivimos ha superado a toda ficción filmográfica que hayamos apreciado. 

Los valores del espíritu estarán a prueba en estos días de combate e incertidumbre contra el mal reinante.

¡Recordemos que contamos con la infinita luz sanadora de DIOS a nuestro favor!

Máximo Luppino
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ALGUNOS TRACTORES OLIGARCAS

domingo, 8 de marzo de 2020


Cuando los tractores con su potente marcha surcan los campos de la patria, florece la esperanza en la Nación. Sentir latir el suelo con abundantes semillas que mitigarán el hambre del mundo nos llena de paz. 

Las maquinarias agrícolas jamás deben estar ociosas, fueron concebidas para trabajar constantemente con el noble objetivo de producir alimentos que nutrirán a miles de familias en nuestro país y a otras comunidades allende los mares del planeta. 
Claro que la situación de nuestra Nación es muy difícil y que los especuladores parecen burlarse de las personas de trabajo. Indignación mayúscula ocasiona apreciar que ciertos intermediaros acopian riquezas desmesuradas, mientras que los productores de algunos sectores no alcanzan a cubrir los gastos de su producción. Muchas situaciones deben ordenarse en nuestra patria para que la sana y fecunda producción sea fomentada con la fuerza que esta noble actividad merece. 
Los tractores del campo, galopando los surcos con su noble corazón de acero, nada tienen que hacer protestando inactivos en un gobierno que los respeta y escucha. En efecto, hoy todos reconocen a nuestro presidente, Alberto Fernández, como una persona de diálogo y consenso. Debemos profundizar los acuerdos sectoriales sin olvidar que hay millones de argentinos que apenas pueden comer diariamente. 
La naturaleza del hombre de campo es noble, casi heroica, guardianes vocacionales de nuestras tradiciones más valiosas que dan sustento a nuestra identidad nacional. Generosos custodios de la propia argentinidad, ellos siempre trabajan, siempre aportan en forma desinteresada su esfuerzo en favor de la bandera que tanto aman. Sólo un sector de grandes acopiadores agropecuarios miran sólo su propio interés, encontrándose divorciados absolutamente del espíritu indómito y magnánimo del “hombre de campo”. Esos pocos tractores oligárquicos deben volver a sus campos a trabajar. La Nación los requiere activos y patrióticos en su misión de producir. 
Causa cierto estupor apreciar cómo se molestan y blasfeman cuando se produce un paro de actividades de empleados. Argumentan toda suerte de fundamentos para que no cesen sus actividades. Estos mismos individuos son los que fomentan el “paro” patronal de un sector agrario. Si para el obrero, es  (según ellos) un sin sentido y sin tapujos lanzan el artero juicio de “vagos”, pero si paran los “patrones” dicen que son “prohombres que luchan por sus derechos”...
Lo menos es pedirles humildemente a algunos comunicadores que utilicen “la misma vara” para opinar. Así su criterio será más justo y su voz un tanto más respetada. 
Lejos de sórdidas fundamentalistas acciones, el presidente Fernández no renuncia al dialogo. Así que pensamos que más temprano que tarde los intereses sectoriales encontrarán un equilibrio necesario para poder desarrollarse y crecer. Tanto pidieron con razón dialogo y ahora que lo tienen con Alberto parecen despreciarlo. 
Apuntalar al campo no significa menospreciar la industria, todo lo contrario, industria y campo, campo e industria deben evolucionar tomados de la mano. La Argentina que San Martín soñó requiere de un impulso en conjunto y sostenido. 
Los brutos rápidamente agitan los “tambores de guerra”. Los pensantes hablan de persuasión, respeto y diálogo. Jamás debemos fomentar enemigos, más bien aliados y socios en la epopeya de construir una Argentina poderosa con un pueblo feliz. 

                        Máximo Luppino

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ERNESTO CARDENAL: LA MENTE EN EL COSMOS, EL CORAZÓN CON EL PUEBLO

lunes, 2 de marzo de 2020


¡Nada más revolucionario que un poeta!
Falleció Ernesto Cardenal. Fue sacerdote, teólogo, escritor, político, traductor y escultor; esencialmente, un poeta del universo. Ernesto nació en Nicaragua para constituirse en un ciudadano del firmamento. Su culto celestial por la belleza jamás lo alejó de los compromisos cotidianos para con su pueblo. Cardenal militó fervientemente en la doctrina Teológica de la Liberación en América Latina. Fue ministro de cultura del gobierno de la Revolución Nicaragüense desde 1979 hasta 1987. 

Sus múltiples actividades políticas produjeron que la Iglesia Católica lo inhibiera de conducir oficios religiosos como sacerdote. Esto ocasionó un dolor tremendo en Ernesto. El cura tercer mundista, ante este hecho, dijo: “¡Hazme justicia, Señor / Porque soy inocente!” El Papa Francisco dejó sin efecto esta restricción. Así, Cardenal pudo volver a oficiar La Santa Misa antes de fallecer. 
La vida de Ernesto Cardenal es tremendamente inspiradora. Un luchador indómito de las causas que sentía como justas. Jamás temió confesar sus más íntimos pensamientos. Vivió acorde a sus convicciones y falleció para reinar eternamente bajo la luz de los discípulos de la verdad del mundo.   
A nuestro entender, su vida es un legado de belleza infinita regalada a la humanidad. Sin embargo, deseamos establecer que su obra Cántico Cósmico es la joya dilecta de su tesoro de pura sabiduría. 
En homenaje a Ernesto Cardenal compartimos un pequeño fragmento de su obra CÁNTICO CÓSMICO.
“venidos de estrellas lejanas
son los de nuestro planeta.
Todos los cuerpos celestes sólidos o gaseosos
están compuestos de carbono, oxígeno, nitrógeno y metales
en la misma proporción que la tierra.
¿Son sólo para mirarse las estrellas?
Tanta materia extraterrestre ha caído sobre la tierra
que tal vez el suelo que pisamos es extraterrestre.
De las profundidades del cosmos.
Ciudadanos del universo por nuestra tierra
que es un cuerpo celeste entre los otros.”
Cardenal volaba con las alas de los poetas a insondables regiones de belleza sin parangón; verdad y belleza, dos hermanas inseparables en el sendero de la existencia. 
De Cardenal celebramos su valentía de existir con su realidad, hija de las coordenadas crueles del “tiempo y el espacio”. Él evadía su inmediatez con su arte siempre encantador. 
Sus sandalias, análogas a las de los pescadores discípulos del gran Maestro, su boina negra sobre su blanco pelo de pureza singular, comprometida en la acción cotidiana, la sencillez de su palabra a la cual le rendía sublime culto. Pienses como quieras pensar, uno de los hijos de DIOS más sutiles se dirigió a abrazar las estrellas que tantas veces contempló. Nos dejó la promesa viviente de nuestra heredad de belleza e infinitud eterna. Legiones de jóvenes entusiastas, sedientos de ideales, con guitarra en mano y  estrellas románticas en noches azules cantarán con amor el ejemplo emocionante de sus heroicos días. 
El misticismo creativo latía galopante en cada instante de su poética vida. 
¡Gracias, Ernesto Cardenal! ¡Siempre presente en nuestra alma!

                           Máximo Luppino 

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¿DIVERTIRSE O DAÑAR Y MATAR?

sábado, 29 de febrero de 2020


El luctuoso homicidio del joven Fernando Báez Sosa en Villa Gesell, a manos de una criminal y cobarde patota, lejos de ser un “punto final” para el horror parece haber recreado en grupos de inadaptados más violencia y deseos de lastimar. El caso de Fernando nos mostró una realidad de violencia, alcohol y drogas que hace tiempo reinaba y como sociedad nos negábamos a asumir.

¿Desde cuándo, para muchos adolescentes y jóvenes, salir les significa pelear y lastimar hasta matar? ¿Cómo fue que se llegó a sentir que arrebatar una vida humana les representa un galardón del cual sienten “orgullo”?
Los auténticos valores éticos quedaron sepultados por las numerosas botellas de alcohol y las drogas de todo tipo. La familia está en una crisis severa. Si perdemos la estructura familiar, la sociedad se encamina a un caos maléfico de difícil recuperación. 
Detrás del denso humo de los venenosos porros se encuentra la silueta deforme de la violencia demencial al prójimo. 
En los últimos días, en la ciudad de Mar del Plata, más precisamente en Playa Grande, 10 muchachos atacaron a dos jóvenes para sustraerles los celulares y valores mientras los lastimaban ferozmente. Un menor de 16 años fue aprendido. En La Plata, una joven fue reducida a golpes y pateada en el suelo con saña salvaje ya estando desmayada. Un caso similar ocurrió en la ciudad de Batán, donde “muchos” infringieron daño a una sola persona. Los casos se multiplican por cientos en la ciudad de Buenos Aires y en el insondable conurbano de nuestra amada provincia. Los adultos, sin lugar a dudas, tenemos buena parte de responsabilidad de este desastre social que parece acrecentarse en vez de menguar. 
Las drogas y el alcohol más el deseo de tener y poseer bienes materiales en forma “rápida”, sin merito mediante, conforman un coctel demoniaco, en el que se eclipsa la luz de la conciencia y la sabiduría de aprender para servir. 
Un lapidario informe publicado por el Diario Popular cerca del 20 de Febrero pasado del presente año, nos dice que en provincia y Capital llegan por fin de semana 2000 jóvenes y adolescentes en estado calamitoso de ebriedad y/o drogadicción, de los cuales 10 fallecen. Sí, 10 muertes por fin de semana, sumando los accidentes automovilísticos producidos por las sustancias nocivas. 
Como sociedad abogamos por la tolerancia 0 en alcohol y sustancias alucinógenas. El que maneja no debe tener nada de alcohol en sangre. La estricticidad de esta ley, en caso de oficializarse, debe ser rotunda. Así comenzaremos a ordenar nuestras vidas de mano de la responsabilidad.  
Cuidar a nuestros adolescentes y jóvenes no significa consentirlos. Todo lo contrario, con amor les debemos exigir conductas rectas y resultados concretos en sus vidas. El premio y el castigo deben reinar. Los adultos debemos saber educar. Querer bien es saber forjar voluntad creciente en la conducta de nuestros jóvenes. 
La autoestima tan necesaria para vivir con dignidad se alimenta únicamente de los logros conquistados por nuestra fecunda labor. Sin determinación propia no hay vida digna. ¡Querer es poder! Si queremos algo de verdad trabajaremos con sano ahínco para obtenerlo. Construyamos, desde la más temprana niñez, hábitos positivos de esfuerzo y compasión en los corazones de nuestros infantes. 
Sentir placer por dañar y matar son los últimos escalones de la degradación humana. 
El camino es servir a prójimo. Ser útiles sembrando sonrisas por doquier. 
Un gran desafío nos aguarda como sociedad. 

                          Máximo Luppino

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